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El ocaso de las bolsas del 'súper'

A finales de julio el BOE publicaba la Ley de residuos y suelos contaminados en la que, entre otras cosas, se plantea la sustitución gradual de las bolsas comerciales de un solo uso de plástico no biodegradable, hasta desaparecer por completo el año 2018. La Ley atiende la demanda de muchos políticos de diferentes ámbitos institucionales, partidos y latitudes. Algunos como siempre, por salir en la foto de portada de su periódico y otros por hacer caja, que de todo hay, sensibles a la bolsafobia que tiempo ha nos invade. No está mal, pelín simple, un tanto demagógico, pero pleno de buena voluntad.

Chris Goodall en un artículo publicado en The Guardian recordaba hace tres años que aunque es obvio que cuesta mucha más energía producir una bolsa de papel que su equivalente de plástico -y además la industria papelera contamina más los ríos-, esa no es la percepción social ni lo que transmiten los medios.

En España -con perdón- un ciudadano promedio consume unas 230 bolsas de polietileno al año, algo más de dos kilos anuales. El 80% de esas bolsas se reutilizan como bolsas de basura. En mi caso las tengo catalogadas por su resistencia. Las bolsas supuestamente biodegradables existentes en el mercado, son menos resistentes que las clásicas de polietileno y entre éstas, las mejores son las de Lukas. Aún sin considerar su "segunda vida", el efecto de esa cantidad de polietileno en términos de cambio climático resulta claramente inferior, por ejemplo, al derivado de los restos de comida que abandonamos como residuos urbanos que amén de servir de pienso para los roedores, acabarán generando metano, un gas invernadero más activo que el propio CO2. Pero no todo va a ser cambio climático, aunque políticamente también venda mucho.

Alguno podrá argumentar que las bolsas del súper también se pueden reciclar. Cierto, pero con grandes dificultades y bajo rendimiento económico, por lo que en la práctica no suele hacerse y finalizan en el vertedero, en la incineradora -con perdón- o lo que es peor, en las faces acuosa y terrestre del planeta, arrastradas por el viento desde el lugar en el que fueron abandonadas por ciudadanos descerebrados. Existen soluciones en el mercado. En la actualidad una firma brasileña produce polietileno 100% de fuentes renovables a partir de caña de azúcar, pero resulta más caro que el procedente del petróleo. Hay sustitutos del polietileno para la fabricación de bolsas del súper, por ejemplo, bolsas de poliácido láctico (obtenido a partir de maÍz) o bolsas en las que una parte del polietileno se sustituye por almidón o bolsas con aditivos que aceleran la degradación del polietileno generando subproductos biodegradables, pero carecemos de resultados sólidos que demuestren que esos plásticos con aditivos hayan superado un test de biodegradabilidad. En breve aparecerán novedades. El mercado de los bioplásticos sigue creciendo un 20% por año, mientras que el de los plásticos tradicionales está en el 2 o 3%. Con datos de 2007, los llamados bioplásticos suponen solo una, de las 210 millones de toneladas de plástico producidas anualmente.

Busquemos alternativas a las bolsas del súper; sin tener que recurrir a los capazos de mimbre o las cestas de castaño, tan típicas, pero que tanto espacio ocupan en nuestras casas. Existen bolsas de naylon, algodón u otros materiales que se pliegan y permiten su reutilización, que el cliente debe traerlas desde su casa, al igual que lo hacían nuestros padres hasta hace unos años, sin olvidar el carrito, que a pesar de ser de materiales no sostenibles -naylon y aluminio- y ocupar espacio en el hogar, utilizado con cierto glamour y distinción ecologista, evitará que nos confundan con un rumano reutilizador.

En otro ámbito de actuación, existen países o ciudades que han prohibido las bolsas de plástico no biodegradables, como Italia o Delhi (India). La misma iniciativa adoptó hace tiempo la cadena Carrefour mientras que otra, como Marks & Spencer, cobra una cantidad por bolsa y han conseguido eliminar unos 280 millones de bolsas. En la localidad inglesa de Modbury, los 43 comerciantes de la localidad optaron por eliminarlas; algunos ofrecen como alternativa bolsas de algodón; otros nada. El propio comercio podría aportar iniciativas.

Si cala en la sociedad lo de las bolsas, habrá que comenzar a insistir en los embalajes. La tendencia de la sociedad de consumo es reducir la vida útil de todo lo que compramos para que sigamos consumiendo. Parece que la clave puede estar en reducir nuestro consumo, reutilizar al máximo lo que ya tenemos y deshacernos de la manera más responsable de nuestra basura.

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