Inicio
Espíritu de Innovación
Versión en EspañolEnglish VersionVersion Française

Sphere en Red

Accede a nuestra página en Facebook y Blog sobre biodegradabilidad

Find us on Facebook SPHERE-SPAIN Blog

La Guerra de la Bolsa.

 El título de esta nota es el de un libro de Éditions Yago de 2007 impreso en España, cuyo autor(HUGO VERLOMME), a través de 157 páginas, se propone demostrar que los ecociudadanos debemos ver más allá de nuestras narices. La síntesis que sigue de algunos de los principales conceptos incluidos en la obra ha sido elaborada por el Ing. Jorge Anchubidart, Director Ejecutivo de FIPMA.

Un mundo sin plástico, sería sin duda alguna un mundo agotado: con menos selvas, menos minerales, un mundo más pesado, aún más voraz en energía y pródigo en contaminantes atmosféricos. En cuanto al balance de materia, los plásticos no son los enemigos del medio ambiente. Sin embargo, tienen dos inconvenientes: al ser tan ligeros, salen volando y recorren por el mar millas y millas, y al ser tan prácticos, se les podría sospechar de incitación al consumo.

Las afirmaciones continuas y emotivas, que aspiran a mostrar que las bolsas de plástico son un peligro para la fauna en general, son cínicas y anecdóticas y, sobre todo, están destinadas a jugar con las emociones del público. Los peligros globales para la fauna, tales como el tránsito rodado o la contaminación automóvil siguen ignorados por quienes quieren gravar las bolsas de supermercado.
Las criaturas capaces de ingerir pequeñas partículas de plástico (sea cual sea su origen) no deberían padecer ningún efecto nefasto en su organismo, ya que este material es químicamente inerte. Y es precisamente el hecho de que los plásticos no perjudican a los organismos vivos por lo que se usa tanto en cirugía para catéteres, válvulas cardíacas, bolsas de sangre, etc.

La punta del iceberg
La bolsa de plástico se ha vuelto el objeto de una campaña que la sobrepasa con mucho. Por eso se puede decir que constituye por si sola la punta del iceberg de las contaminaciones que nos amenazan. Es precisamente ese papel de figurón de proa que nos lleva a obsesionarnos tanto con ella y no con otras contaminaciones aún más letales. En realidad, parece que sean las cualidades esenciales de la bolsa las que le están perjudicando: gratuidad, ligereza, robustez, todo lo que contribuye a su dispersión por la naturaleza, puesto que es gratuita, se puede tirar. La falta de civismo es lo que hace que un objeto se vuelva desechable por ser regalado, como se podrá observar con los periódicos gratuitos: acaban tirados por bancos y aceras de las ciudades donde son repartidos.

Abandonadas con descuido por el hombre en la naturaleza, llevadas por los vientos, visibles y multicolores, las bolsas de plástico parecen querer denunciar los excesos de nuestra sociedad de consumo.
A su manera, la bolsa de plástico también es un objeto extraordinario, fruto de todo un proceso de fabricación al cabo del cual hemos conseguido este instrumento ligero y resistente, tan económico de producir que hasta se puede distribuir gratis.
La contaminación del plástico es una “contaminación visual”, ya que el mismo es un material neutro e inerte, que no difunde ni metano ni materias tóxicas como lo señala el antiguo ministro del Medio Ambiente francés Brice Lalonde: “El plástico es un recurso que presenta la ventaja extraordinaria de ser inerte, resistente, imputrescible. Pero cometemos errores de los cuales el material mismo no es culpable. Tendríamos que preservar el uso del petróleo para la fabricación de materia prima para el plástico y diversificar nuestros recursos energéticos.”

Comportamientos contaminantes
Ahora bien, hay que saber que el conjunto de la producción de plásticos no utiliza más que el 4% del consumo anual del petróleo. Y puesto que los plásticos se aligeran o se mezclan a otros materiales compuestos, consumen cada vez menos petróleo. La bolsa, que pesaba 20 gramos en 1978, pesa solo 5 gramos en 2006.
Al respecto el periodista científico Olivier Mac Lesggy afirma: “Lo que me interesa más que todo en la evolución global de las tecnologías es lo que permite hacer mejor con menos. Dicho de otro modo, proporcionar mayores servicios utilizando menos energía y materia prima para producirlos. Desde este punto de vista, podemos considerar que los materiales plásticos son ecológicos, tanto más cuanto que resultan en su mayoría, perfectamente aptos al reciclaje.”
Se cometen errores de los cuales el material plástico no tiene la culpa. El error para la bolsa de plástico es la bolsa de supermercado: la gente la deja tirada, se deshacen de ella en cualquier lugar, y entonces hay por todas partes. No porque sea contaminante, sino porque muchos comportamientos son contaminantes.
Es cierto que las bolsas representan una de las únicas contaminaciones que se pueden quitar a mano, gracias a la acción de los voluntarios. ¿Qué más gratificante sino limpiar uno mismo un lugar lleno de residuos? Resulta imposible hacer lo mismo con materiales más tóxicos y sin embargo menos mediatizados por ser invisibles: metales pesados, bacterias, radiaciones, amianto, etc.

Pero el público necesita imágenes, gestos fuertes y consensuales. Para algunos políticos o asociaciones, la prohibición de la bolsa de plástico se ha convertido en una prioridad nacional, una de las acciones mas impactantes a favor del medio ambiente, como si no hubiera nada más urgente. Se habla de bolsas biodegradables como si fueran remedios milagrosos para reemplazar infelices bolsas de supermercado. La palabra mágica “biodegradable” esconde detrás de su aspecto perfecto realidades menos loables y más complejas de lo que podríamos creer.
Una de las herramientas más utilizadas hoy en día para evaluar hasta qué punto un producto es o no ecológico es el Análisis del Ciclo de Vida (ACV), Este ecobalance, que examina un
producto desde su nacimiento hasta su (eventual) reciclaje y su eliminación cuando se convierte en residuo.
Ahora bien, si nos tomamos la molestia de examinar la bolsa desde el punto de vista de sus prestaciones y de su ACV, se desvela, paradójicamente, dotada de múltiples virtudes que la sitúan delante de otros materiales de uso doméstico: papel, vidrio, aluminio.
Así, al contrario de lo que se pueda pensar, el plástico es ecológicamente más competente que el papel. El estudio realizado para los supermercados Carrefour muestra claramente que una bolsa de papel reciclado consume 40 veces más energía que la homóloga de plástico. Un estudio de la universidad de Winnipeg en Canadá muestra que, para un solo uso, la bolsa de papel requiere el doble de energía para su fabricación que la de plástico. Una bolsa de papel pesa aproximadamente seis veces más que la de plástico, cuesta cuatro veces más y requiere diez veces más espacio para su almacenamiento (1 tonelada de bolsas de papel contiene 18.000 unidades, mientras que una de plásticos contiene 105.000).

¿Prohibir o educar?
La bolsa de plástico solo pesa 5 gramos y es capaz de soportar 11 kilogramos, o sea 2000 veces su propio peso, y repetidas veces.
La Agencia Nacional del Medio Ambiente para el Control de Energía (ADEME) expresa: “Si se prohíben las bolsas plásticas, ¿porqué no prohibir mañana las toallitas, los coches 4 por 4?; ¿dónde está el límite?”. Prohibir la bolsa sería un fracaso: ¿acaso resulta más fácil prohibir que educar? ¿Acaso hay que reaccionar como lo hacen ciertos electos que deciden cortar los plátanos al borde de las carreteras para que los coches se estrellen?. Con este tipo de razonamiento, también se podrían prohibir hasta los automóviles, que matan a tantas personas cada día y contaminan y consumen la mayor parte del petróleo.
Vamos a detenernos en esta noción: se reprocha a la bolsa de plástico el no ser biodegradable, lo que es el colmo, ya que fue precisamente concebida para no degradarse. El hecho de que un objeto tan fino pueda perdurar años sin descomponerse debería parecer una proeza tecnológica en vez de una enfermedad vergonzosa.
El proceso de degradación como se observa en los vertederos o en el compost produce gases de efecto invernadero (metano) que participa en la disminución de la capa de ozono cosa que no ocurre con las bolsas de plástico no biodegradables.
En realidad, biodegradable no significa más que putrescible, pero sin duda este término resulte mucho menos atractivo. El único destino posible para una bolsa biodegradable al final de su vida sería el compost. Sin embargo el compost es un proceso bioquímico complejo, que depende de numerosos parámetros (temperatura, higrometría, orientación, etc), que se debe dominar y controlar, sobre todo cuando se trata de grandes cantidades. A falta de lo cual, las moléculas no descompuestas pueden acarrear podredumbres y moho que se vuelven tóxicos. Hoy en día, ”biodegradable no significa compostable.”
Algunos investigadores intentaron crear bolsas biodegradables y compostables agregándole aditivos, pero Greempeace criticó “el desarrollo de bolsas degradables de plástico que no tienen nada de biodegradable y que resultan más nocivas para el medio ambiente por la utilización de aditivos.”
En síntesis “lo biodegradable no es una panacea, en resumidas cuentas es la reutilización de las bolsas lo que es ecológico y no el material usado para su fabricación.”
En cuanto a la bolsa, se la puede reciclar en nuevas bolsas, pero también en una gran variedad de objetos duraderos como la madera compuesta (plastimadera, una demanda en continuo crecimiento) para suelos, bancos, mesas de picnic, etc.

Nosotros consumidores, tenemos las llaves del problema. No basta con inventar nuevas herramientas o nuevos materiales. Se debe actuar localmente y pensar globalmente, dar el buen ejemplo, hacer más con menos, consumir menos pero con mejor juicio, tales son los caminos prioritarios que puede explorar el eco ciudadano.
Hugo Verlomme es escritor, novelista, periodista. Es el autor de más de 20 novelas y documentos que tratan deL mar o del medio ambiente. Es conocido por sus novelas visionarias (Mermère, L'eau est là), sus obras de literatura juvenil y sus libros pioneros sobre el surf, las olas, los delfines o los viajes en buques de carga.
Este librito, a contrapelo desecha las ideas preconcebidas relativas a las bolsas de plástico, los desechos, las materias plásticas, el petróleo y, más ampliamente, nuestras opciones de sociedad. Descubrimos que algunas iniciativas clasificadas ecolos resultan más contaminantes de lo que pensamos, y que ¡los plásticos tienen ventajas ecológicas!.

A partir del ejemplo de la bolsa de plástico descubrimos muchas paradojas que afectan nuestra vida cotidiana. Incluso se votó una ley para prohibir las bolsas de plástico y hacer obligatorias las bolsas biodegradables... (*)
¿Pero sabe usted que estas bolsas contaminan más que las de plástico?. ¿Sabe que la invención de los plásticos permitió salvar elefantes?. ¿Sabe que los plásticos del mañana comunicarán?. Al contrario de las ideas preconcebidas, los plásticos se inscriben perfectamente en el desarrollo sostenible y preservan recursos naturales.
Por medio de historias, de ejemplos, de números, de conversaciones, “La guerra de la bolsa” muestra que nosotros, los ecociudadanos, debemos ver más allá de nuestras narices.
(*) Asamblea Nacional de Francia, octubre de 2005 (Nota de Redacción)

Volver

Copyright © 2018 Sphere Spain - Desarrollo: Efor